sábado, 14 de febrero de 2009

Crónica De Un Día Bizarro

Y ahí estaba yo, un sábado de diciembre (o enero), sentada en un camión “2 de marzo” rumbo al centro de mi ciudad, mi plan era llegar a la plaza, encontrarme con una amiga y comer con ella.

Iba tranquila, escuchando música y viendo el trayecto cuando se sube un señor vendiendo pulseritas, en el momento en el que lo vi lo reconocí: ese tipo prácticamente me mentó la madre una vez, si no es que más, por no comprar las cochinas pulseritas de cuentitas, -bueno-, suspiré y pensé, -hay que tenerle paciencia al señor, parece que no anda del todo bien…-.

Empezó a repartir las pulseritas y me dije -bueno, las compro para que no me eche bronca-, eran tres pulseritas de chaquira (así se escribe?) que probablemente no valían mas de un peso entre las tres; en el momento en el que pasa junto a mí le doy dos pesos, entonces el tipo se me queda viendo y me dice –falta un peso-, vale, y todavía espera que todos le compren las pulseras y que encima lo traten bien; en fin, abro mi bolsa y como que se le queda viendo, tomo rápidamente un peso que veo al fondo y se lo doy, todo con tal que me deje en paz.

No sé que le picó al señor en ese momento, porque primero me muestra otra pulsera y me dice –se la regalo-, la voy a tomar y me dice –yo se la pongo-, bueno pues, dejo que me la ponga, y me la vuelve a quitar, la cambia y me pone otra, luego me da otra y me dice que yo se la ponga a él, se la pongo y dice que cambiemos pulseras… así estuve un ratote, ya me imagino a los otros pasajeros con cara de – wtf con ese señor!-; en fin, de repente ve que tengo otras dos pulseras en la muñeca y me dice –¿me regala una?- le contesto que no me la puedo quitar, -¿y la otra?- me pregunta, mientras la agarro y la jalo le digo que esa tampoco se puede sacar (en serio que no me las podía quitar, y aún si hubiese podido, no se las hubiera regalado), -ahhh- exclama y se queda callado junto a mi; no les miento, creo que los siguientes fueron los minutos mas largos de toda mi vida, entre el tráfico, el calor y el señor de las pulseras a mi lado comencé a ponerme nerviosita, entonces pensé que si me veía haciendo algo me iba a dejar en paz y se iba a bajar del camión, total que saqué un kleenex de mi bolsa de gandhi (de esas de quince pesos haha) y me lo puse en la nariz, y así me quedé unos minutos que me parecieron una eternidad…

El camión no se movía, hacía un calor de la chin… y yo con mi pañuelo dizque sonándome la nariz; de repente el camión avanzó, se volvió a detener a los pocos metros y yo me quité el kleenex de la cara y lo dejé en mi mano izquierda, justo sobre mi regazo…

…entonces, inesperadamente, el tipo grita –Gracias!- mientras todos los pasajeros intentamos ignorarlo, luego murmura algo completamente incoherente, algo así como –me lo prestas- o que sé yo, me arranca el kleenex de la mano y se baja corriendo del camión…

…como es de esperarse, todos nos quedamos con cara de WHAT, y todos me voltean a ver a mi, ¿pues qué esperaban que hiciera? ¿que corriera detrás de él para que me regresara mi pañuelo? , inclusive el chofer se asomó por el espejo retrovisor para verme y yo le puse cara de –estoy bien, ya ni modo- , y encogí los hombros mientras hacía una mueca ¿Pues que me quedaba?

Cuando le conté la historia a mi amiga, ésta se empezó a reír y me dijo que probablemente el vendedor quería clonarme… en fin, tal vez no es una buena historia, pero ahora cada vez que veo a un vendedor subiéndose al camión me pongo de nervios y trato de pretender que estoy profundamente dormida.

2 comentarios:

Sam dijo...

Yo creo que le pareciste muy agradable. Cuando leía me daba mucha risa, hubiese querido ver eso.

Ya ni modo, al menos espero que no me pase a mí.

Saludos!

psychobunny dijo...

Muy agradable es poco decir, jojo TT_TT
Gracias al cielo ningún conocido iba en el mismo camión...hubiera sido objeto de tantas burlas -posteriormente-...espero que nunca te pase.

Gracias x comentar!